La mayoría de las personas la hemos sentido alguna vez acompañándonos y si no seguro que la hemos reconocido andando al lado de alguien cercano. La ansiedad, aunque no lo parezca, viene a nosotros en son de paz. No quiere asustarnos, ni hacernos la vida más difícil de lo que ya es. Simplemente quiere darnos un mensaje al que atender y que está relacionado con nuestros miedos más profundos.

Aunque cuando la sentimos lo hacemos de una manera muy perturbadora, pues nos sube las pulsaciones, no nos deja dormir, nos hace ir más deprisa, nos presiona el pecho, nos paraliza y no nos deja respirar, su misión no es hacernos daño. Tampoco es que quiera volvernos locos o que vayamos al hospital a comprobar si nos está dando un infarto. No, la ansiedad no pretende nada de eso, pero es la forma que tiene de hacernos notar que tenemos que atender algo.

 

La ansiedad es una reacción emocional que consiste en una respuesta mental (emociones y pensamiento), física (comportamientos) y fisiológica (hiperactivación del sistema nervioso autónomo) de nuestro cuerpo que se produce ante situaciones que nuestra mente interpreta como peligrosas.  

Ataque de pánico

El lenguaje de la ansiedad

La angustia tiene un lenguaje propio, los síntomas de la ansiedad es la forma que está emoción tiene de comunicarse con nosotros y que le prestemos atención. Su voz es inconfundible y, cuanto más la ignores, más alto te hablará para que la atiendas.  

La ansiedad y su lenguaje fisiológico

Toda emoción tiene un lenguaje físico o fisiológico, el suyo es el la hiperactivación del sistema nervioso autónomo. Cuando la angustia aparece nuestro cuerpo se hiperactiva. De hecho, al punto máximo de activación lo conocemos como ataque de pánico o crisis de ansiedad.

Aunque no siempre aparece de la misma forma en cada persona y cada momento, algunas maneras que tenemos de reconocerla es porque en nuestro cuerpo notaremos (entre otras…):

  • Una respiración acelerada, a veces muy rápida y otras podemos notar dificultad para respirar
  • El corazón se acelera, podemos notar incluso dolor en el pecho
  • Nuestras manos y piernas pueden temblar, ponerse rígidas o sudar
  • Si nos midieran la tensión en ese momento la tendríamos alta
  • Pueden aparecer nauseas o mareos, inestabilidad o sensación de que me voy a desmayar
  • Hay situaciones dónde ¡nos podemos quedar paralizados! (sí, como los conejos), no es raro que en un ataque de pánico la persona no pueda mover un miembro del cuerpo 
  • Ganas de llorar o de salir corriendo del lugar (tenemos la sensación de que hacer esto es muy urgente, sentimos el impulso de hacerlo)
  • Nos podemos poner colorados

La ansiedad y su lenguaje emocional

Las emociones son como una cuadrilla de amigos muy unida, cuando aparece una normalmente suelen aparecer otras a su lado. Cuando sintamos ansiedad podemos sentir también otras emociones relacionadas como:

  • Miedo, la ansiedad y el miedo son de la misma familia
  • Vergüenza y humillación (muy relacionada con ansiedad social)
  • Soledad y tristeza
  • Despersonalización o desrealización, es decir, cuando la ansiedad es tan intensa que la realidad parece muy lejana o si tu estuvieras en un cuerpo que no es tuyo
  • Inestabilidad emocional, a veces saltamos de una emoción a otra muy rápido, por ejemplo, de enfado a tristeza.

Pensamientos ansiosos

La ansiedad y su lenguaje mental

Cuando esta pasajera viene de visita a nuestra mente desordena todo lo que encuentra, su efecto se parece mucho al dicho de «entrar como un elefante en una cacharrería». Los pensamientos más frecuentes están relacionados con anticipar peligros futuros sobre algo que puede ir mal en nuestras vidas, sobre nuestra propia actuación en una determinada situación, etc.

Nuestra mente se convierte entonces en una especie de radar especialista en detectar señales que puedan avisarnos de un supuesto peligro con resultados catastróficos. La mente se acelera con el objetivo de protegernos y podemos notar nuestra cabeza de forma similar a lo siguiente: 

  • Aparece una hipervigilancia, la mente se desborda con detalles pequeños e irrelevantes dándoles mucha importancia
  • El pensamiento se vuelve rígido y le cuesta flexibilizar, no vemos otra opción o no concebimos otra manera de hacer las cosas
  • Los pensamientos van a la velocidad de un Ferrari y aparecen de forma intrusiva aunque no los invitemos a estar con nosotros
  • Todo se tiñe de color rojo: anticipamos muchas posibilidades de lo que puede ocurrir (y ninguna es buena) o cómo lo podemos hacer (aquí tampoco salimos bien parados)
  • Por la noche, cuando todo se queda en calma, la mente no para de lanzarnos pensamientos que no nos dejan dormir y, si con suerte nos dormimos, podemos despertarnos a mitad o final de noche o tener pesadillas.

La ansiedad y su lenguaje corporal 

Aquello que hacemos es lo más visible a ojos de los demás, es la manera que tenemos de comunicar con acciones que es lo que nos está pasando. Cuando nos sentimos angustiados solemos encontrar dos grandes tipos de comportamientos: 

  • Conductas de escape/evitación: aunque la ansiedad no nos va a matar ya que no es peligrosa es muy desagradable y por ello la primera reacción es huir de ella. El problema es que esto acaba siendo una trampa ya que la mayoría de comportamientos de evitación refuerzan la ansiedad. Las personas que sufren ansiedad tienden a ser expertas evitadoras: dejan de ir a situaciones por no sentir malestar, no piensan o no se exponen a aquello que les genera angustia, buscan rutas alternativas para no encontrarse con aquello que les aterra, consumo de sustancias, etc.
  • Conductas de seguridad: lo lógico cuando te sientes en peligro es ponerte a salvo o hacer cosas que te hagan sentir a salvo. A estos comportamientos, que también refuerzan la ansiedad, las llamamos conductas de seguridad. Implican poder agarrarnos a algo que nos ofrezca esa sensación de estar más seguros, por ejemplo, llevar encima pastillas para la ansiedad, sentarnos cerca de la salida de un cine, llevar un amuleto encima, etc.

Ansiedad y sus tipos

Los trastornos de ansiedad: diferentes trajes para un mismo ser

Los trastornos de ansiedad son los diferentes trajes que se pone esta emoción para que la vistamos durante un gran periodo de tiempo. Es como sin quererlo te vistieran con un traje que no pudieras quitarte y que además te entorpece gran parte de las actividades de tu día a día.

Algunas de los trajes más frecuentes que la angustia utiliza para acompañarte en tu día a día son los siguientes:

  • Ataques de pánico: cuando la ansiedad es máxima aparece lo que se conocen como crisis de ansiedad. Es la forma más intensa que tiene esta emoción de aparecer en tu vida. Suele aparecer de forma súbita durante unos 15-30 minutos, luego la intensidad va disminuyendo. La emoción es tan intensa y desagradable que muchas personas lo confunden con un infarto y acaban acudiendo a urgencias en busca de atención inmediata.
  • Agorafobia: llamamos agorafobia al miedo a los lugares abiertos, a las multitudes o al miedo a no poder escapar fácilmente de un lugar, por ejemplo, no poder salir de un autobús, de un concierto, del cine, de la silla del dentista o miedo a estar fuera de casa solo. La agorafobia puede aparecer sola o con su gran amiga, el ataque de pánico. 
  • Fobia social: la ansiedad social supone un miedo a situaciones sociales en los que la persona está expuesta a la opinión de otras personas. A veces implica un miedo a hablar con desconocidos, a ir a una fiesta, a ser observado haciendo algo (ej: a comer delante de otras personas), a dar la opinión, a contradecir a alguien de autoridad o a ligar con alguien que nos gusta. La fobia social suele llevarse bien con una emoción muy amiga suya: la vergüenza.
  • Fobias: las fobias simples son miedos muy intensos, acusados y persistentes hacia un objeto o situación específica. Cuando la persona entra en contacto con aquello que le da miedo tiene casi de forma inmediata una respuesta muy aguda de ansiedad, similar al ataque de pánico. Podemos encontrar fobias a multitud de situaciones: perros, palomas, tormentas, agua, alturas, inyecciones, aviones, sitios cerrados, ruidos, payasos…
Fobia simple
  •  Trastorno de ansiedad generalizada: la ansiedad generalizada es una angustia persistente, más suave que la que encontramos en otros trastornos como los ataques de pánico y que, aunque varía con el tiempo, suele estar presente en la vida de la persona de una forma y otra. 

  • Ansiedad por enfermedad: la hipocondría supone una preocupación por padecer o contraer una enfermedad grave. Normalmente no suele haber síntomas físicos graves aunque si lo hay son leves (algún sangrado, inflamación o síntomas propios de la ansiedad). La persona suele vivir muy pendiente de no contraer esta enfermedad que cree tener por lo que se examina continuamente, busca información sobre la enfermedad o evita todo aquello que tenga que ver con la salud como por ejemplo, acudir al médico.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC): el TOC es un traje compuesto de varios trajes al mismo tiempo. La característica principal es que existen obsesiones (pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes, persistentes e intrusivas que causan malestar) y compulsiones (Comportamientos repetitivos o rituales que hace la persona para evitar el malestar de la obsesión). Dentro del mundo de los trastornos obsesivo-compulsivos podemos encontrar trastornos más específicos como el trastorno dismórfico corporal (preocupación por defectos físicos sin gran relevancia), trastorno de acumulación (dificultad para deshacerse de pertenencias), la tricotilomanía (arrancarse el pelo), la excoriación (hacerse heridas en la piel) o los celos obsesivos
  • Mutismo selectivo: este vestido suele aparecer en la infancia y se reconoce de forma muy sencilla ya que el niño o la niña tiene miedo a hablar en unas situaciones sociales muy específicas (especialmente en situaciones dónde se espera que hable) pero es capaz de hablar en otras (en casa)
  • Ansiedad por separación: aunque suele aparecer en la infancia también podemos verlo en la edad adulta. Implica un miedo a separarse de aquellas personas importantes por las que sentimos apego. En niñas y niños pequeños es frecuente ver como se niegan a dormir solos o fuera de casa, tienen pensamientos sobre que a sus padres o a ellos les pase algo, aparecen pesadillas en las que les separan de sus padres o muestran síntomas somáticos (dolor de estómago o de cabeza) ante la separación
  • Enfermedades orgánicas: algunas enfermedades biológicas también pueden de la mano de esta emoción. Es muy importante revisar los problemas endocrinos (hiper o hipotiroidismo), cardíacos (como el prolapso de la válvula mitral), pulmonares (trombo pulmonar), en tumores, diabetes o problemas neurológicos (epilepsia o vértigos)
  • Los mejores amigos de la angustia: normalmente esta emoción aparece también en otros trastornos como en la depresión, el trastorno de estrés postraumático, las adicciones, los trastornos de alimentación, las psicosis…
Ansiedad social, agorafobia, trastorno de pánico

Escúchala, tiene algo importante que decirte

La función de la ansiedad es muy similar a la del dolor físico. Un dolor de cabeza podría indicarnos que estamos cansados y necesitamos descansar, un dolor de estómago nos podría avisar de que algo de lo que hemos comido no nos ha sentado bien y una fiebre es un indicador de que nuestro organismo está combatiendo contra una infección.

Todo el lenguaje que esta emoción utiliza es para señalarte que hay algo a tu alrededor que puede resultar peligroso para ti. Este mensaje lo amplifica en cuerpo y mente para ser atendido y, cuanto más intentas ignorarlo, más fuerte se hace (por ello los intentos de evitación no suelen funcionar para disminuir la ansiedad).

El mensaje cambia de una situación a otra, por ejemplo, lo que la ansiedad puede querer decirte es: «necesitas cambiar, este no es tu sitio», «empieza a soltar, estas cargando con cosas que no te pertenecen», «aunque te esfuerces por llegar no tienes deberías hacerlo», «con esa persona no es», «cuida tu cuerpo, es el lugar dónde vivimos», etc.

Las emociones son nuestras compañeras de vida, son la brújula que nos va diciendo por dónde es y por dónde no. La alegría nos marca el camino, el miedo nos indica caminos peligrosos y la tristeza nos obliga a construir rutas alternativas cuando hemos perdido la principal. Acercarse a ellas desde el conocimiento o la curiosidad en lugar de hacerlo desde la lucha nos permitirá conocernos mejor y vivir una vida más consciente.