Queridos otros tiempos,

Os escribo desde el momento presente: mi aquí y ahora. Hace tiempo que tenía pendiente una conversación con vosotros. La vida pasa tan deprisa que cuesta encontrar un espacio donde poder entablar un diálogo entre nosotros tres.   

Os confieso que es extraña la sensación de saber que cuando acabe de escribir esta carta ya no formará parte de este tiempo y será una compañera más del pasado. Pero así es como funciona el tiempo.

No culpo al tiempo de su propio funcionamiento ¡faltaría más!, pero cuesta acostumbrarse a ser consciente de que cada momento que pasa, incluido este, terminará, se desvanecerá y automáticamente se convertirá en pasado.

Pasado, tú y yo estamos en paz

¿Cómo estás pasado? ¿Todavía sigues jugando a intentar raptar algún momento de mi presente? Sé que te gusta jugar a eso, pero vamos a sincerarnos, es agotador y no me apetece invertir más energías en algo que ya no podemos cambiar. 

Te estoy muy agradecida por todo lo que hemos vivido. ¡Porque mira que nos han pasado cosas en estos años! Gracias a ti soy ahora la persona que soy, con todo lo que eso conlleva.

Somos producto de nuestro pasado, pero no tenemos por qué ser su prisionero. 

-Rick Warren-

Desde luego, crearte no ha sido siempre una labor agradecida. Me has hecho sentir el sufrimiento más veces de las que me hubiera gustado.  Pero ahora esas heridas ya han sanado. Eso no quiere decir que cuando te mire no me duela, claro que la cicatriz se resiente a veces, pero ahora, aunque toquemos la herida ya no sangra.  

Los buenos recuerdos son un lugar seguro al que poder volver a mirar cuando necesito un extra en mi día a día. Aferrarme a ellos sería un error, ya que no volverán, pero me guardo el derecho a asomarme a ellos siempre que quiera.

Querido pasado, no quiero irme sin recordarte que de vez en cuando podemos mirarnos el uno al otro, está bien, pero no volveremos a jugar a que seas tú quien dirija mis momentos presentes. Como ves, tú y yo estamos en paz. Si en algún momento hubo una deuda entre nosotros, ahora está saldada.

Futuro, me guías, pero no me diriges 

Querido futuro, al pasado tengo el gusto de conocerle, pero en tu caso no sé nada de ti. Tengo una idea aproximada de cómo me gustaría que fueses, pero como te digo son solo eso, ideas y deseos.

Tú estás hecho de otra pasta, estas construido a base de sueños, aspiraciones e incertidumbre. Sobre todo, de esta última. Y es que no se me puede olvidar que por mucho que planee cómo quiero que sucedas no todo va a depender de mí.

Me gustaría decir que nunca has dirigido mi vida, que siempre he sido yo la que ha tenido las riendas de mi presente, bla,bla,bla… pero mentiría. 

Y es que ya conozco como te las gastas. A veces tu juego es el del cuento de la lechera.  ¡Quién le iba a decir a la lechera que se tropezaría con la piedra! ¡Quién nos iba a decir a nosotros que viviríamos una pandemia! En fin, creo que entiendes lo que estoy tratando de decirte. 

Quiero que sepas que intentaré no aferrarme a la imagen inventada que he creado de ti. Tengo un compromiso conmigo misma para cambiar la meta siempre y cuando vaya en la dirección de mis valores.  

Compañeros, ha sido un placer. El fin de la carta.

Muchas gracias por escucharme y ser comprensivos con mi momento presente. Sé que entendéis que es él quien tiene que tomar las riendas de la situación

Me despido de vosotros citando a Marco Aurelio, quien ya dijo en su día: «…ni el pasado ni el futuro se podría perder, porque lo que no se tiene, ¿cómo nos lo podría arrebatar alguien?»

Ha sido un placer hablar con vosotros, queridos tiempos.

Un abrazo desde el presente.