La incertidumbre es el camino hacia la ansiedad. La incertidumbre lleva al miedo, el miedo lleva a la ansiedad, la ansiedad lleva (a veces) al sufrimiento, el sufrimiento al lado oscuro. Si estas leyendo esto es porque percibo mucha incertidumbre en ti.

Si Yoda fuera Psicólogo es posible que nos dijera algo así cuando hablamos de la incertidumbre. Quizás también añadiría alguna de sus conocidas frases: «mucho que aprender todavía tienes» o «imposible nada es. Difícil, muchas cosas son».

Detrás de estas grandes palabras del maestro Jedi hay enseñanzas que podríamos aplicar perfectamente en una terapia dónde la persona tiene una gran ansiedad por el futuro y por aquello que podría suceder.     

La incertidumbre selectiva

Cuando hablamos de incertidumbre tenemos que preguntarnos muy bien qué cuestiones del futuro son las que le producen a la persona esa inquietud.

Aunque la definición incertidumbre implica una falta de seguridad o inquietud sobre el futuro no todos los futuros angustian a la persona de la misma manera. Es decir, seguramente no nos preocupe el futuro de la vecina de enfrente, de la panadera de aquella cafetería de Sevilla o de la economía de Hawái.

Estamos entonces ante una incertidumbre selectiva ya que algunos futuros nos generan más desasosiego que otros. Los futuros inciertos que nos generan ansiedad son aquellos que implican de forma directa nuestro bienestar o la de nuestros seres queridos.  

Consejos de Yoda para la incertidumbre

Cuando la incertidumbre lleva al lado oscuro

Por tanto, para que la incertidumbre nos lleve al lado oscuro tiene que existir esa incertidumbre selectiva. Las dudas sobre el futuro tienen que afectar a nuestra vida y a la de nuestros seres queridos. 

Cuando la falta de certezas versa sobre nuestro futuro pueden empezar a surgir emociones como el miedo o la ansiedad por escenarios imaginados que suelen ser bastante negativos. 

Si nuestra mente rellenase la incertidumbre con futuros maravillosos de riquezas y bonanzas nadie sentiría ansiedad o sufriría por ello. Sin embargo, no hay que olvidar que nuestra mente no está hecha para hacernos felices, sino para que hacernos sobrevivir. Y para poder sobrevivir la mente necesita anticipar posibles problemas para generar y diferentes soluciones. 

Nuestra mente como solucionador de marrones

Cuando no sabemos lo que va a ocurrir y nos imaginamos los peores escenarios posibles: quiebras, muertes, enfermedades, desastres naturales, etc., nuestra mente también empieza a imaginar cómo haremos frente a esos escenarios.

Si lo piensas es algo lógico. El trabajo de nuestro cerebro es anticipar posibles futuros para mantenernos con vida a nosotros y a los nuestros en caso de que estos desastres aparezcan.

Para cumplir esta función biológica de supervivencia nuestra mente imagina escenarios y posibles soluciones al respecto. Este trabajo lo hace una y otra y otra vez generando así múltiples escenarios con múltiples respuestas.

Este proceso rumiativo es tan molesto y ansioso cómo útil ya que es lo que ayudada a anticipar y solucionar problemas. Sin embargo, cuando esta ansiedad te paraliza  y ocupa un gran espacio en tu vida es cuando es aconsejable tratar esta gestión de la incertidumbre con un profesional

Cómo gestionar la incertidumbre

Todo va a salir regulinchi

Como Mara Moreno dijo a través de twitter durante la pandemia: «todo va a salir regulinchi«.  Esto significa que probablemente el futuro no sea ni tan negro cómo pensábamos ni tan positivo cómo nos gustaría. 

Dado que la mente tiende a sobreestimar los peligros futuros para protegernos es posible que aquello que nuestra imaginación ha proyectado no llegue a cumplirse. Aunque si fuera el caso y se cumpliese nuestro cerebro ya se ha encargado de generar un plan A, B, C y D para ello. 

En las previsiones de futuro no es aconsejable pecar de optimistas. Si en este momento estas sintiendo esa ansiedad es posible que haya una base real para ello. Si esto es así y existe una cierta probabilidad de que las cosas no vayan a salir bien, quizás es útil tener un grado de ansiedad tolerable que nos lleve a protegernos de dichas amenazas. 

Aceptar que lo que tiene que venir será regulinchi, ni muy bueno, ni muy malo, es quizás una postura que nos ayuda a prepararnos para lo que vendrá mañana mientras nos deja apreciar lo que tenemos hoy.