Entras a Instagram, Facebook o Tik Tok y ves publicaciones sobre destinos de ensueño, platos espectaculares, fiestas dignas de la película «Resacón en las Vegas» y personas disfrutando con sus amigos o parejas. Todos sus perfiles parecen emocionantes y en comparación sientes que el tuyo no destaca en nada

Sales a la calle para hacer los quehaceres de tu día a día. Te cruzas con algunas personas y no puedes evitar fijarte. La pareja feliz que va agarrada de la mano y sonriendo, ese chico tan bien peinado y en forma, el grupo de amigos que pasa riendo cerca tuya. Muchos parecen despreocupados y satisfechos con sus vidas.  

Quedas con tu grupo habitual para echar unas cervezas en el bar de siempre. Los conoces desde hace tiempo y aunque con unos tienes más confianza que con otros, más o menos conoces sus vidas y cómo se encuentran. Habláis de todo un poco, os quejáis del mundo y de cómo la vida os aprieta. Sabes que cada uno lleva su mochila de sufrimiento pero sientes que la tuya pesa bastante más y te preguntas ¿Qué estoy haciendo mal? 

En el partido de la comparación la injusticia es tu compañera de equipo

Compararnos con otras personas es algo que hacemos de forma natural y automática. Mirar la casa del vecino siempre ha sido deporte nacional. El problema surge cuando hacemos de la comparación nuestro deporte favorito y perdemos en cada partido jugado.

Cuando miramos al otro tendemos a fijarnos en todos aquellos ejemplos que están en una situación mejor que la nuestra. Lo normal no es compararse con aquella persona que está jodida, sino que lo hacemos con quien a simple vista parece feliz y afortunado.

Fijarnos en la felicidad ajena y ver la distancia que hay entre su mundo y el nuestro suele conllevar sentirnos infelices, desdichados y frustrados. Estas emociones suelen ir acompañadas de un sentimiento de injusticia. La comparación y el sentimiento de injusticia suelen ir de la mano.

Sentimiento de injusticia

El malestar emocional como motor para ganar el partido

¿Alguna vez te has preguntado para qué nos hacemos sufrir a nosotros mismos comparándonos constantemente con los demás? ¡A nadie le gusta sufrir! Bueno, hay a quien sí y en determinadas circunstancias que conllevan placer e intimidad, pero eso lo dejaremos para otra entrada del blog.

La cuestión es que, por lo general, no nos gusta experimentar emociones negativas como la frustración y la injusticia. Tampoco nos apetece sentirnos inferiores o por debajo del otro. Entonces, ¿Qué sentido tiene nos hagamos daño a nosotros mismos de esta manera?

Si no mirásemos al otro y en esa comparación no nos sintiéramos en desventaja ¿Qué motivación tendríamos para luchar por mejorar nuestra posición? Cuando nos sentimos tratados por la vida de forma justa y estamos satisfechos con nuestra vida nos acomodamos y no buscamos seguir moviéndonos.

Cuando sentimos que hay algo que queremos y no tenemos, cuando percibimos esa diferencia entre nosotros y el otro, es cuando nos sentimos motivamos (aunque sea por sentimientos desagradables) para seguir luchando. 

Elige sabiamente que partido merece la pena jugar 

No se trata de no compararse o de intentar no fijarse en los demás. Como hemos visto la comparación también nos resulta útil en algunas ocasiones. La clave está en elegir sabiamente en qué, con quién y para qué nos vamos a comparar. 

Compararse constantemente puede hacer que te sientas inferior, tu autoestima baje y te bloquees ante ciertas situaciones. No compararte nunca hace que no crezcas y te conformes con lo que ya tienes.

Compararse de forma inteligente

¿Qué hacemos entonces? Elegir bien en qué partido queremos participar, centrarnos en aquello que como jugadores vamos consiguiendo y, aquí viene lo más complicado, aceptar las derrotas con competitividad.

Sin embargo, querido jugador, si la comparación se ha apoderado de tu vida y te genera un gran malestar. Si no puedes evitar jugar partidos con la mayoría de las personas de tu entorno, quizás es hora de contactar con un profesional y empezar a elaborar una mejor estrategia de juego.