¡Hola! Me presento: soy el “No”. Si si, lo que oyes. Soy esa pequeña y breve palabra que tanto te cuesta decir a veces. No hagas como que no me conoces. Llevo existiendo en tu vocabulario desde que llevabas pañales. De hecho, seguramente fui una de las primeras palabras que aprendiste a decir cuando empezabas a comunicarte. Recuerdo aquellos tiempos… No te costaba utilizarme. Me tenías normalizado y acudías a mi cuando lo necesitabas. Me utilizabas sin prejuicios y sin miedos.

Ahora en cambio me has olvidado. Con el paso de los años he notado que cada vez me has ido nombrando menos. Poco a poco he ido desapareciendo de tu vocabulario. Intentas no utilizarme y, cuando lo haces, me engalanas con florituras para que parezca que no me estás mencionando. ¿Qué ocurrió para que nos distanciáramos tanto? ¿Por qué ahora me esquivas y me rehúyes?

Te escribo esta carta para hacer las paces y pedirte un poco de compasión. Me gustaría volver a estar presente en tu vida. Sé que va a ser difícil y que retomar nuestra relación va a llevar tiempo y esfuerzo. Pero te prometo que, si vuelves a conocerme, serás capaz de ver todo lo bueno que puedo ofrecerte y hacer por ti.

Soy el "NO" y te escribo esta carta para que sepas que puedes contar con mi ayuda.

Así es mi vida siendo el “No”

Seguramente no lo sepas, pero ser yo no es fácil. Soy consciente de que me precede una fama digamos… no del todo amigable. Simplemente por ser quién soy la gente me rechaza cuando aparezco. Dicen que solo vengo a causar “malos rollos”, que oprimo y que soy un obstáculo. Allá donde me presento observo las caras de reproche que provoco. Aunque ellos no se den cuenta, oigo sus comentarios: “Uf, ya estamos”, “siempre igual”, “solo existe para fastidiar”.

Parezco hostil y se me suele malinterpretar. Dicen de mi que soy desagradable, provocador y confrontativo. A menudo recae sobre mi la culpa de relaciones fallidas y amistades rotas. A mis espaldas debo cargar el peso de expectativas frustradas y de decepciones dolorosas. “Él lo ha provocado”, dicen. “En cuanto empezaste a nombrarlo, todo se fue al traste”.

Creen de mi que soy el enemigo del “Si”. Que soy su némesis, su antihéroe. Que lo odio y por eso no le permito florecer. Están totalmente equivocados. Entre el “Si” y yo existe una estupenda relación. Estamos equilibrados y mantenemos una comunicación constante. Ninguno de los dos podríamos existir el uno sin el otro. Sabemos respetarnos y guardar las distancias cuando tenemos que hacerlo, así como apoyarnos cuando la situación lo requiere.

Te lo prometo, no tengo malas intenciones ni pretendo imponer un reinado del terror. No es mi voluntad causar problemas ni enfrentamientos entre nadie. Existo para ayudarte y protegerte. Si me das una oportunidad, estaré encantado de demostrártelo.

Entiendo tu recelo hacia mi

Si bien te comentaba que entre el “Si” y yo existe una estupenda relación, debo confesarte que sí tengo tiranteces con alguien. Y no, no es contigo aunque pienses lo contrario. “¿Entonces, con quién?”, te preguntarás. Es alguien a quien conoces muy bien. Está presente en tu vida más de lo que te gustaría. A menudo te dejas arrastrar por ella, aunque en muchas ocasiones no lo hagas de manera consciente.

Se trata de “La culpa”. No tengo derecho a reprocharte nada. Entiendo que las garras de la culpa son fuertes y duelen. Es normal que, para evitar el sufrimiento que ella pueda causarte, receles de mi. Se suele pensar que estamos unidas, que siempre vamos acompañadas y que incluso significamos lo mismo. Pero déjame decirte que nada más lejos de la realidad. La culpa y yo somos entidades completamente diferentes. Donde ella te paraliza, yo te empodero. Donde ella te ocasiona malestar, yo protejo tus límites y tu bienestar emocional.

Sé que convivir con la culpa no es fácil. Ha estado presente en tu vida durante mucho tiempo. Te la han impuesto y ha conseguido llegarte tan, tan adentro, que crees que ya no eres capaz de deshacerte de ella. Te susurra constantemente al oído y te hace creer que eres responsable de todo aquello que sale mal.

Pero también sé que eres valiente. Recuerda que te conozco desde, prácticamente, el inicio. Yo estaba presente en tu vida mucho antes que ella. La culpa vino después y no fue de mi mano. Pregúntate cuando empezaste a asociar que cuando yo aparecía en tu vida también lo hacía esa emoción. Y créeme cuando te digo que tu y yo, juntos, podemos ponerle límites y evitar que se siga expandiendo.

Empezar a escribir No es un gran paso para poder verbalizarlo

Te ofrezco mi fuerza

Ahora que me he abierto contigo y me has podido conocer un poquito mejor, me gustaría conocer tus temores y ayudarte a vencerlos. Para ello, te ofrezco mi fuerza y mi nombre. Cuando me pronuncias con convicción y claridad, estamos un paso más cerca de hacerlo.

Quiero que tengas claro que pronunciarme no es un acto de cobardía, ni es sinónimo de cerrar puertas de manera definitiva. Al decir “No” estás autentificándote a ti misma. Estás honrando tus necesidades y tus deseos. Estás abrazando la libertad de imponer tus propios límites y rechazar aquello que te perjudica.

Si, habrá gente que se enfadará cuando me pronuncies, aunque lo hagas de forma responsable y asertiva. Pero recuerda que no tienes la obligación de complacer a todos, ni de asumir más de lo que puedes manejar. No está en tu mano controlar cómo los demás reaccionan a mi presencia, pero sí está en tu mano cuidarte y priorizarte.

Espero tu llamada

Espero que con esta carta hayamos podido tender un puente entre nosotros. Me encantaría que formásemos un equipo juntos y escuchar todo aquello que también me quieras decir.  Recuerda que estoy aquí para acompañarte y para protegerte.

Tenme presente cuando “La culpa” haga acto de presencia. Invócame y acudiré en tu ayuda. Te protegeré y te recordaré que tienes el derecho de marcar tus propios límites sin miedo a reproches. Cuando estés cansada y el camino se te haga duro, yo estaré allí, esperando, para unir mi fuerza a la tuya. Y, juntos, conseguiremos hacer que los obstáculos se vuelvan pequeñitos y dejen de doler.

Siempre tuyo, el “No”.

@andreaperezpsicologia

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