Empiezas en un trabajo nuevo. Te sientes ilusionado de poder empezar una nueva etapa. Cuando comienzas, vives las tareas que te llegan como un reto; son complejas pero te ayudan a crecer profesionalmente. Continuas involucrándote en el trabajo cada vez más. Haces más horas extra, descansas menos y tus preocupaciones aumentan. Estás consiguiendo los objetivos que te has propuesto y eso te hace sentir que el esfuerzo merece la pena. ¿Te suena ésta historia? ¿Y entonces, cómo has llegado a caer en eso que llaman síndrome de Burnout? 

Para entenderlo, sigamos con la historia…. Llevas ya unos años en la empresa, has atravesado épocas de gran estrés que parecen no tener fin, largas jornadas laborales y situaciones con una alta carga emocional que hacen que empieces a sentirte diferente. Llevas un tiempo llevándote el trabajo a casa, sintiendo que no desconectas y sientes que, por mucho que trabajes, nunca llegas a terminar la pila de tareas pendientes.

Tus emociones cambian, tu entusiasmo desaparece y aparecen en escena nuevas emociones: tristeza, soledad, estancamiento, culpa, preocupación, negativismo… Te sientes estancado pero aun así todavía tienes esperanza, por lo que procuras esforzarte todavía más. Piensas que quizás así la situación mejora. Pero no lo hace y llega el colapso, las bajas laborales y el agotamiento. Bienvenido,  te has convertido en un trabajador quemado.

 

¿Qué es el Burnout?

El Burnout o Síndrome de estar quemado es cuando la persona llega a un agotamiento físico y mental debido a un desgaste mantenido en el tiempo derivado del puesto del trabajo. Se da de forma gradual, pasando de un estado en el que la persona se siente satisfecha tanto en el ámbito personal y laboral, para derivar a una situación en la que la persona tiene sentimientos negativos por gran parte del trabajo que realiza.

La persona que ha alcanzado éste punto puede sentir rechazo hacia sus propios compañeros de trabajo, incluso aunque siempre hayan tenido una buena relación laboral entre ellos. También puede sentir que está cansado del trabajo que hace, que su rol profesional «pesa mucho» o que aquello que hacen «ya no vale la pena».

El burnout suele aparecer en personas que trabajan por vocación, es decir, cuando la persona está en un trabajo que le gusta, dónde se ha implicado personal y emocionalmente. También es frecuente en profesionales que trabajan directamente en el cara a cara. Los profesionales más afectados suelen ser: profesionales de la salud (médicas, enfermeras, psicólogas, trabajadoras sociales), trabajadores de la educación (profesoras) o aquellos que trabajan en ventas, marketing, operaciones o logística.

Desgaste profesional

El Burnout y sus diferentes manifestaciones

Existen tres componentes esenciales cuando hablamos de Burnout:

1. Cansancio emocional: es la sensación que tiene la persona de sentirse agotado emocionalmente por el desgaste que provoca la insatisfacción del día a día. La persona siente que no tiene energía para ir a trabajar o afrontar su jornada laboral. Este cansancio va aumentando progresivamente a lo largo del tiempo. Poco a poco puede ir experimentando dificultades para concentrarse, para pensar con agilidad o recordar aspectos de su trabajo.

2. Baja realización profesional: la persona puede llegar a sentir que no es un buen trabajador y poner en duda su profesionalidad. Esto implica una fuerte desmotivación, ansiedad, frustración e insatisfacción laboral. La persona siente que es imposible que sus expectativas se cumplan. Este componente puede resumirse en la siguiente frase: “Qué más da lo que haga si, total, va a dar igual y no va a cambiar nada”.

3. Despersonalización: la persona se siente constantemente enfadada, muestra actitudes negativas hacia su trabajo y sus compañeros, responde de forma fría a los demás, como si el resto de personas no le importaran. Llega incluso a culpabilizar al resto de sus problemas. La despersonalización también puede aparecer en forma de confusión; sientes que no eres tu misma o que estás totalmente desconectada de tu entorno.

 

¿Qué diferencia hay entre el Burnout y el estrés?

El estrés puede confundirse con Burnout, sin embargo, son fenómenos diferentes. Hay que pensar en el Burnout como un estrés prolongado, es decir, en un estrés alto y mantenido en el tiempo. Por ejemplo, una persona estresada puede tener problemas para concentrarse en la tarea que tiene entre manos, mientras que una persona “quemada” tendrá dificultades incluso para empezarla.

El estrés laboral aparece cuando hay un aumento de tareas de forma puntual. La persona siente urgencia ante la multitud de cosas que tiene pendientes por hacer. Esto le genera ansiedad y, con ella, aumentan las emociones negativas. Los síntomas suelen ser sobre todo físicos y relacionados con el pico de estrés laboral. Normalmente el estrés del trabajo suele ser temporal y al terminar la persona vuelve a la normalidad.

El burnout es un estrés laboral prolongado en el tiempo, la persona se siente realmente agotada emocionalmente y laboralmente fracasada. Puede sentirse fuera de lugar en el trabajo, impotente, desesperanzada y con ninguna o poca motivación. Los síntomas son más emocionales que físicos, al contrario que en el estrés. En este punto puede llevar a la persona a encadenar bajas laborales, replantearse su carrera profesional o pedir el traslado o una excedencia. En otros casos puede aparecer lo que se conoce como  «renuncia silenciosa» en la que el trabajador empieza a quitarse responsabilidades laborales, a salir más temprano, faltar de forma injustificada o tener una actitud cínica o crítica con su trabajo o sus compañeros.

 

Burnout o estrés laboral crónico

¿Qué puede favorecer la aparición del Burnout?

Algunas de las situaciones que pueden favorecer el Burnout son las siguientes

  • Expectativas laborales no cubiertas, poco claras o demasiado exigentes.
  • Implicación excesiva del trabajador.
  • Autoestima muy basada en el desempeño laboral.
  • Falta de control sobre el proceso de trabajo.
  • Edad: es habitual que, a mayor edad y experiencia, también exista un mayor desgaste laboral.
  • Personalidad: existen ciertos rasgos como el perfeccionismo, el exceso de responsabilidad, la necesidad de mantener todo bajo control y no delegar, el pesimismo o la rigidez en la manera de hacer las cosas, que pueden suponer una predisposición a éste síndrome.
  • Falta de reconocimiento o recompensa por el trabajo.
  • Puesto de trabajo monótono o sin retos.
  • Mal ambiente de trabajo, siendo este caótico o con mucha presión.
  • Mala organización de la empresa como puede ser ausencia de liderazgo o mala distribución de tareas.
  • Mal ajuste persona-puesto. Es decir, que la persona este sobrecualifica o infracualificado para el puesto que desempeña.
  • Demandas excesivas de trabajo conllevando sobrecarga.

De un enfoque de responsabilidad individual a uno social

Resulta interesante pararse a pensar en la forma en la que los problemas del contexto en el que nos movemos se convierte en una responsabilidad individual de la persona. Simplemente, pongamos atención al nombre con el que llamamos a éste malestar: Síndrome de Burnout o Síndrome del trabajador quemado. ¿Por qué no se llama «síndrome de la empresa enferma»? ¿O «síndrome del desequilibrio trabajador-empresa? ¿Por qué en la salud mental nos empeñamos en señalar al que sufre y no a aquello que ha generado el sufrimiento?

Dentro de una relación, bien sea entre dos personas o entre un sistema y una persona, hay más de un elemento. Cuando hablamos de Burnout hay muchos agentes en juego: el trabajador, el círculo de compañeros, la cadena de mando, la política interna de la empresa, el flujo de trabajo, el convenio colectivo, la situación del país y la situación económica de ese tiempo y esa industria en un momento determinado…

Para llegar a la raíz del Burnout sería ideal que se estableciera un diálogo entre la empresa y el trabajador. En el que una persona externa e imparcial, en calidad de mediador, medie entre ambas para poder, entre todos, modificar y adaptar las condiciones que generaron el Burnout en el trabajador. Pero, hasta entonces, si en nuestra empresa no existe ningún mecanismo similar, le tocará al trabajador desarrollar todas las herramientas de autocuidado y establecimiento de límites que conozca.

Psicoterapia para el estrés laboral

¿Qué me puede ayudar si sufro síndrome de Burnout?

Se suele decir que hay personas que no necesitan un psicólogo sino un buen sindicato. Y no son pocos casos en los qué el propio psicólogo sea quien indique a la persona que contacte con uno de ellos o un abogado laboralista. Entonces, ¿Cómo te puede ayudar un psicólogo en esta situación? La psicóloga te ayudará a poder controlar lo que está en tu mano.

Algunas de las herramientas que pueden ayudarte cuando sufres desgaste profesional son:

  1. Busca apoyo social en los demás, recurre a tus amistades y familiares. Trata de ser más sociable con tus compañeros de trabajo y apóyate en los demás (a no ser que sean tus propios compañeros quienes te hayan llevado hasta aquí, si es así, busca apoyo en personas seguras de tu entorno).
  2. Haz ejercicio y lleva una vida sana. Realiza una dieta saludable y cuida tu descanso y tu sueño. El autocuidado físico actúa como un amortiguador de los golpes del estrés.
  3. Cuestiona la forma en la que vives el trabajo. Trata de valorar lo que haces más allá del reconocimiento laboral externo. No intentes llegar a todo ni complacer a todos. Como se suele decir: «No puedes gustar a todo el mundo: no eres una croqueta».
  4. Toma distancia de los problemas del trabajo, la perspectiva te ayudará a valorarlos de otra forma.
  5. Establece límites en tu trabajo. Sé capaz de establecer las líneas rojas que no eres capaz de cruzar y respétalas. Es mejor trabajar bien que trabajar mucho: más no es mejor.
  6. Cuida tu tiempo libre, tus aficiones y tus descansos.
  7. Reconsidera si ese trabajo es el ideal para ti, valora otras opciones laborales.

Tomar distancia, priorizar y buscar el equilibrio entre tu vida personal y tu vida profesional será fundamental para poder lidiar en ambientes altamente estresantes. Reconsidera si aquello que estas viviendo en el trabajo vale la pena o si hay otras opciones laborales que sean más coherentes con tus necesidades y proyecto vital.